jueves 6 de octubre de 2011

CXLII




Ella me llega como lluvia detenida
y abre mis ojos y una flor que aún quedaba,
al parecer, tras mis cínicos labios.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

No tan cínicos, aún saben la prudencia de la lluvia detenida.
La Impudencia ´no suele florecer.

Olimpia.